"Es necesario que las universidades eduquen contra el racismo" // La Capital

El reto intercultural de las universidades no se debe reducir sólo a incluir a personas indígenas, afrodescendientes o históricamente discriminadas, sino transformar a estas instituciones para que sean pertinentes con la diversidad cultural de las sociedades latinoamericanas. Así quedó explícito en la declaración final de Conferencia Regional de Educación Superior (Cres 2018), realizada en junio pasado en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Y así lo entiende también el investigador Daniel Mato, quien fue el coordinador del eje temático "educación superior, diversidad cultural e interculturalidad" en el encuentro internacional que congregó a rectores y académicos del continente.

Estos ejes ya estaban presentes en la declaración de la Cres 2008 realizada en Cartagena de Indias. Este año en el documento final se afirma que las instituciones de educación superior "deben contribuir proactivamente a desmontar todos los mecanismos generadores de racismo, sexismo, xenofobia, y todas las formas de intolerancia y discriminación". Que resulta imperativo "que se garanticen los derechos de todos los grupos de población discriminados por raza, etnicidad, género, situación socioeconómica, discapacidad, orientación sexual, religión, nacionalidad y desplazamiento forzado". Y que estos cambios deben asegurar la incorporación en las instituciones educativas "de las cosmovisiones, valores, conocimientos, saberes, sistemas lingüísticos, formas de aprendizaje y modos de producción de conocimiento de dichos pueblos y grupos sociales".

Director adjunto del Centro Interdisciplinario de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) e investigador del Conicet, Mato destaca los lineamientos expresados en la Cres 2018 y sostiene que es necesario trabajar fuertemente en las instituciones educativas para erradicar el racismo. Advierte que aún hay mucho por avanzar en la universidad argentina con la agenda de los pueblos indígenas, sobre todo porque el mito de que los argentinos "descendemos de los barcos" sigue vigente.

—¿Cuáles son los desafíos que tiene la universidad argentina en esta agenda?

Siempre digo que afortunadamente existen Uruguay y Paraguay, entonces Argentina no es el país más atrasado de América latina en este tema. Es una suerte de consuelo de tontos, porque en este tema somos de los más atrasados del mundo. Es fácil darse cuenta particularmente cuando uno trabaja el tema, pero también cuando asiste a la Cres y ve cuánto se ha avanzado en este tema en México, Nicaragua, Colombia, Bolivia, Brasil. Tenemos mucho que hacer. A veces hay gente que dice que eso es porque ellos tienen mucha población indígena y nosotros descendemos de los barcos. Pero de los barcos descienden algunos. Algunos también descendieron de barcos esclavistas, que no es un detalle menor. Pero en todo caso en la Argentina la población indígena, o la que se autoidentifica como indígena, representa aproximadamente a un millón de personas. Es decir, el 2,5 por ciento de la población nacional en el Censo de 2010. La población indígena de Brasil es aproximadamente la misma, menos de un millón de personas. El detalle es que la población total de Brasil es cinco veces la de la Argentina. En Brasil la población indígena representa el 0,5 por ciento, no el 2,5 por ciento. Y en Brasil, con fondos del Estado federal, se han creado 21 licenciaturas interculturales indígenas para formar maestros, profesores y profesoras de enseñanza secundaria también para las comunidades indígenas. En la Argentina no pasa nada de eso.

—Si bien es un tema complejo, ¿obedece a una mirada europeizante, colonial o a qué otra cosa?

Sí, pasa por esto. Porque se ha construido esto a lo largo de la historia, no es porque seamos tontos. Desde la escuela sarmientina y desde las universidades nacionales hemos reproducido una autorrepresentación de la idea de argentinidad como que "descendemos de los barcos". Este es un problema del Estado, no es un problema de los gobiernos. Acá cambian los gobiernos pero la idea que descendemos de los barcos se la he escuchado a varios gobernantes. Y la idea que los pueblos indígenas son un peligro también. Un peligro para la Nación. Lamentablemente esto muestra una ignorancia muy grande por parte de nuestros dirigentes, no sólo de los dirigentes políticos más visibles. De todas las dirigencias sociales, empresariales. Incluso también estudiantiles y profesorales. Esta conciencia argentina eurocéntrica y eurocentrada es parte de lo que como sociedad somos y es lo que tenemos que revisar críticamente con urgencia. Tenemos una constitución nacional que prevé esto. Entonces no podemos hacernos los locos, tenemos que asegurar las posibilidades de que estos derechos se ejerzan. Y las universidades tienen un papel que cumplir en esto. Es necesario que las universidades eduquen contra el racismo, a la población en general y a su propio interior. Profesores, estudiantes, investigadores y directivos. No nos olvidemos que estos dirigentes sociales y políticos que hacen este tipo de declaraciones en muchos casos son egresados universitarios. Es culpa de ellos decir esa barbaridad, es culpa de su mamá y de su papá. Pero también es responsabilidad de las universidades en las que estudiaron. Y ahí nos tenemos que hacer cargo todos y todas.

 

Los pueblos indígenas, de "objetos de estudio" a protagonistas

En el acto de cierre de la Cres 2018 a la que asistieron rectores, académicos e investigadores de América latina y el Caribe, subieron al escenario representantes de las universidades indígenas de la región provenientes de Colombia, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Panamá y Argentina. Allí leyeron una carta en la que destacaron los avances en interculturalidad de las universidades "convencionales", como programas específicos con contenidos indígenas o la formación de profesionales interculturales. Sin embargo, alertaron que persiste "una deuda histórica de los Estados y las instituciones de educación superior hacia los pueblos indígenas y afrodescendientes". En este sentido, apuntaron contra las academias que los convierten "en objetos de investigación y no protagonistas, la pérdida cultural indígena de quiénes acuden a las universidades y la violencia epistémica" que desvaloriza conceptos y pedagogías indígenas.

"En las últimas décadas —continuaron— nuestras abuelas y abuelos, sabias y sabios, y nuestras comunidades y pueblos indígenas, en un esfuerzo compartido con organizaciones sociales y autoridades comunitarias hemos iniciado la reconstrucción y recreación de nuestras instituciones educativas. Nuestras universidades, con sus currículos y pedagogías, identidad y simbologías propias, nacen interculturales, reafirmando su contenido y carácter indígena y afrodescendientes, al mismo tiempo que buscan el acceso a las otras culturas, sistemas educativos, idiomas, a los otros saberes, ciencias y culturas, hacia una formación pluricultural e intercultural, son procesos educativos de creciente pluriversidad".

Aún así, y pese a ser creadas en marcos constitucionales y aplicando convenios internacionales, "sólo algunos Estados reconocen la institucionalidad y dan apoyo financiero a estas instituciones".

Artículo de La Capital: Es necesario que las universidades eduquen contra el racismo

 

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